Los mineros no son balones, son mineros

Las condiciones de muchos trabajadores en diversas áreas de la actividad económica de México no se acerca ni siquiera a lo propuesto por Marx en la Primera Internacional. Las ocho horas de trabajo son mera utopía ya que con tal de sacar un ingreso adicional se doblan turnos y se cobran guardias.

La imagen de los sindicatos se ha desvirtuado totalmente y los beneficiados ya nos son los trabajadores, son organizaciones y familias enteras que se aprovechan de la dirección de grandes listas de trabajadores agremiados tras la condición de un contrato, ah pero un contrato temporal sin la seguridad de contar con la seguridad de mantener un trabajo estable.

Los dirigentes sindicales son la imagen por predilección para ejemplificar el nepotismo, pues si no estás dentro de este grupo predilecto la “base” y “planta” de un trabajador tendrá un costo. Ni hablar de las cuotas a quienes ganan una licitación, claro eso también lo negocia el sindicato, no se puede quedar fuera.

Pero eso es un tema general, una problemática arraigada a lo largo de muchos años, donde los trabajadores no son mas que un número que ofrecen los dirigentes a los partidos en época electoral. Ahora hablemos de un sindicato en particular, los mineros.

La actividad minera en nuestro país es una de las más importantes ya que estamos entre los principales productores de plata y oro, así como minerales importantes para la actividad económica, el carbón, entre otros minerales que se extraen del subsuelo nacional.

Ya he comentado las tranzas que hay en los grandes sindicatos y que luego son copiados en menor escala por sindicatos más pequeños pero no menos representativos. ¿Ahora pensemos en aquellos trabajadores que no son sindicalizados pero no dejan de necesitar un trabajo y se emplean a empresas que de manera clandestina extraen minerales para venderlos a las trasnacionales, y digo venderlas en un sentido meramente figurado ya que menos de $80 USD por tonelada es una ganga, casi un regalo.

Los Pocitos de Sabinas

El 4 de mayo nos despertamos con una noticia que de nuevo retumbaría a familias de Coahuila y de México, la explosión en Pozos clandestinos de extracción de carbón, la primera víctima Jesús Fernando Lara Ruíz de 15 años quien perdió la mitad del brazo derecho, mejor suerte que la de las 14 personas atrapadas en el remedo de mina.

Inmediatamente el recuerdo de los muertos en Pasta de Conchos y no dudo que hasta un posible milagro al mero estilo chileno viniera a la mente de muchos, pero esta vez había una diferencia, la legalidad de los pocitos de carbón, la cual no existía pero que era de muchos evidente su existencia, incluso del mismo gobierno estatal, quienes ya hace tiempo era denunciado por cobrar cuotas.

Pero como es natural en época de elecciones las responsabilidades empezaron a repartirse, más bien a “jincarse” al contrario, Javier Lozano, Felipe Calderón, Jorge Torres López, suplente de Humberto Moreira, fueron señalados como responsables por esta situación, por su origen y consecuencias.

El espectáculo mediático, las declaraciones en redes sociales y los protagonismos de todos diciendo que se tomarían cartas en el asunto, mientras las familias de los fallecidos sólo quedaban como testigos de la impunidad que se vive a todos niveles y oficinas de gobierno sin que una respuesta concreta ni resolución se les diera.

La explosión de estos pocitos, la muerte de mineros que cobraban $120 el día menos descuentos por uso de equipo, el desamparo de familias, deben servir de algo, para abrir una posibilidad de descubrir los negocios ocultos, el desvío de fondos, ya que desgraciadamente el manejo de los dineros, la codicia y los compromisos de grupos e individuos suelen ser el origen de estos episodios, repetidos en diversos lados del país.

Que nos quede claro a todos, que los menores no son balones aunque los responsables de esta situación los usen como tal, aventando sus cadáveres de un lado a otro sin quererse responsabilizarse de la situación general.

malgobierno

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