Asesinan a Nepomuceno Moreno

Nepomuceno Moreno, no era activista o por lo menos no me gusta llamarlo así, era un padre que buscaba a su hijo, Mario Moreno León, desaparecido en Ciudad Obregón, Sonora.

Fueron 7 balazos en el ejido La Sangre (municipio de Tubutama, Sonora), los que evitaron a Don Nepo encontrar a su hijo. Estuvo con Felipe Calderón, se unió al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad de Sicilia, caminió, pidió, exigió justicia a las autoridades…y nada, lo mataron.

Nepomuceno Moreno Núñez era su nombre completo y estaba muy orgulloso de llamarse como el autor de El llano en llamas. A Don Nepo lo mataron dos días después de que el escritor Fernando Vallejo dijera en la inauguración de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara que estaba muy contento de estar en la tierra de Rulfo, “donde los muertos
hablan”. En Guadalajara, también, dos días antes se encontraron 26 cuerpos en los Arcos del Milenio, a unas cuadras de la FIL.

En la Caravana del Sur, el sonorense, hablador, dicharachero y “echa’o pa’delante”, pedía un poco de consuelo, justicia y ayuda para encontrar a su hijo, a quien, según las investigaciones que el mismo Nepomuceno hizo, se lo llevaron policías municipales de Obregón en contubernio con la Procuraduría Estatal de Sonora (acababa de obtener
las pruebas de que se hicieron llamadas de la procuraduría al celular de su hijo, horas después de que lo “levantaron”).

Cuando se enteró de lo anterior, comenzó a protestar en el Centro de Hermosillo y desde agosto, comenzó el hostigamiento. Por esta razón, don Nepo le entregó al presidente Felipe Calderón el expediente de la desaparición de su hijo, durante el segundo diálogo con el Movimiento por la Paz. Y aún así, a Don Nepo lo asesinaron a los 56 años, mientras viajaba por la calle Pesqueira, en Hermosillo, Sonora.

Aquella noche de septiembre en la frontera con Guatemala, don Nepo sacó las fotos que guarda de su hijo. “Siempre andaba con su hermano”, les contaba a todos. El hijo, siempre sonriente, con amigos, con la familia, con uniforme de secundaria…
Don Nepo estaba tan desesperado y hostigado que el día que supo al poeta Javier Sicilia en la tele, fue a un cyber para pedirles que lo ayudaran a buscar cómo contactar al poeta con el hijo muerto. Ahí, le buscaron el correo del Movimiento por la Paz y le enseñaron a abrir un correo. Les escribió y le respondieron de inmediato. Comenzaron a documentar su caso y se unió a la Caravana del Sur.

Y ahí, en la Caravana del Sur, se le veía siempre con la pancarta de su hijo, su expediente en la mano y llorando cuando escuchaba las historias de las demás víctimas, como María Herrera, a quien le desaparecieron cuatro hijos.

Por las noches echaba su pancarta al suelo y encima ponía una cobija. Por las mañanas, a levantar la pancarta lo más alto para que todos supieran quién era su hijo.

Nepomuceno Moreno prometió que la siguiente caravana sería para su tierra “y les voy a preparar unos pajaritos (mariscos que sólo hay en Mazatlán), uuuuuna chulada,no van a dejar de chuparse los dedos”.
Durante el casi año y medio que buscó a su hijo, don Nepo entregó impreso el siguiente poema: “Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío, no me importó. Después se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista, tampoco me importó. Luego se llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero tampoco me importó. Más tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual, tampoco me importó. Después siguieron con los curas, pero como yo no era cura, tampoco me importó. Ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde”.

Vía: El Informador

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