Nombran Carlos Hank Rhon ‎a una de las salas del Museo Tamayo

El 21 de agosto se anunció la reinauguración del Museo de Arte Contemporaneo Rufino Tamayo con una ceremonia encabezada por el todavía Presidente Felipe Calderón, su esposa, Margarita Zavala, el Secretario de Educación, José Ángel Córdova Villalobos, la presidenta del Conaculta, Consuelo Sáizar, la titular del INBA, Teresa Vicencio, el arquitecto Teodoro González, la actual directora del museo, Carmen Cuenca, y el presidente del Patronato de la Fundación Olga y Rufino Tamayo, David Cohen, entre otras personalidades del arte y la cultura.

La inversión para esta esta obra fue de poco más de 100 millones de pesos 34 de ellos aportados por la Fundación Olga y Rufino Tamayo, mientras que el gobierno federal dispuso de 68 millones de pesos.

Digamos que hasta aquí todo bien, pues quién se opondrá a que el gobierno apoye la cultura cuando es uno de los temas más golpeados con los recortes presupuestales junto con la educación. Sin ir más lejos y mucho tiempo atrás el conflicto con investigadores y académicos del Instituto Nacional de Arqueología e História continúa y de los conflictos magisteriales en todo el país, ni hablar, así que noticias como estas es siempre digna de comentar con alegría ya que la apertura de espacios donde pueda exponerse el trabajo de artistas nacionales e internacionales siempre serán bienvenidos pero como en toda historia siempre hay un pero.

El nombre de dos salas llevan nombres de los empresarios Carlos Hank Rhon y Angélica Fuentes Téllez, hecho que inmediatamente indignó a muchos personajes de la cultura ya que con est mandan el mensaje de que el dinero es más importante que el reconocimiento al trabajo de los artistas.

En entrevista con La Jornada tanto Raquel Tibol como Margo Glantz reprobaron por completo el hecho de que estas salas lleven por nombre de personas que tienne una historia llena de historias turbias tanto personal, como política y personalmente como las de Carlos Hank Rhon.

Raquel Tibol

Resulta vergonzoso que la cultura y el arte estén hoy dependiendo de los dineros de los ricachones sin averiguar el origen de esas acumulaciones. Evidentemente, desprestigia al Museo Tamayo Arte Contemporáneo arrastrarse de esta manera frente a semejantes personajes.

Margo Glantz

No me parece que las salas de un museo tan importante como el Tamayo lleven los nombres de personas tan poco dignas, porque todos sabemos que tienen un pasado lamentable; sus fortunas son bastante sospechosas.

La historia de estos dos personajes no es para nada desconocida, pues Carlos Hank Rhon ahora es uno de los integrantes de la lista publicada por la revista Forbes como uno de los méxicanos más acaudalados junto a Carlos Slim, Emilio Azcárraga y Salinas Pliego. De Angélica Fuentes Téllez, actual esposa de Jorge Vergara, presidenta ejecutiva del grupo Omnilife-Chivas y anteriormente conocida como La Reina del gas pues su familia es dueña de una de las empresas más importantes en la distribución de este combustible, Grupo Imperial.

La justificación dada por el presidente de la Fundación Olga y Rufino Tamayo, David Cohen, es que se trata de un nuevo modelo de acuerdo de participación entre el sector público y privado en el que no sólo llevarán el nombre del donante a cambio de una donación, sino que éste aportará una cantidad anual para su mantenimiento. El tiempo es vitalicio siempre y cuando estas dos personas respeten la cuota acordada.

En cuanto al gobierno ederal, una estrategia que pareciera le podría dar una “palomita” antes de su término le ha salido mal esta estrategia así como muchas con las que cierra administración además de llenar de claroscuros su relación con una de las familias más poderosas de México, pues mientras a uno de los hermanos Hank Rhon manda a realizar un cateo a sus cacinos a otro se le reconoce nombrando en su honor una sala de museo.

Los comentarios de crítica ante este hecho no se han dejado esperar pues es obvio que causa malestar el hecho de que personajes que han destacado en otros sectores ajenos a la cultura se apropien de espacios que podrían servir para hacer homenaje a artistas cuya aportación no ha sido económica pero sí de gran valor.

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